—Quiero que sepa
el alfabeto al revés, y rápido. Prepara perfectas donas de azúcar
de canela. Puede saltar la cuerda un millón de veces en una fila.
Tendrá los ojos verdes claros, será zurdo y será un maestro en el
arte oscuro.
—Suena imposible.
—¡Ese
es el punto! —insisto—. Es mi hombre ideal, ¿no? Así que, si mi
hombre ideal es alguien que nunca puede realmente existir, entonces
no puede hacerme daño. No puede venir, enamorarme y romperme el
corazón.
—Oh,
Isis. —Tía Bet me da palmaditas en la rodilla—. No tienes que
pensar así. No todo el mundo quiere hacerte daño.
—Va
a ser muy amable. —Sonrío hacia mis manos—. Me llamará la chica
más guapa que jamás haya visto. Esas cosas son aún más
imposibles. Así que así. Es él. Y no existe y nunca lo hará. Así
estoy segura.

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